December 2010
PASEO POR LA CAPITAL DE LA PLATA (1964)
Aquí me tenés país
desnudo he venido al mundo
no te sembré la patria
excepto un rosal
que una vez planté
y mi dulce mamá
que enriquece dos metros de tierra
esperabas de mí
por lo menos
ganas de trabajar
aquí me tenés país
escribiendo versos
con el desencanto
de los necesitados de mano de obra
en los momentos de desarrollo
que se aguanten los perversos
falsos
mentirosos
que para mi apátrida
los cuentos no sirven
nunca me acogerás en tu seno
nadie me pidió
ni yo
nada tengo que dar
nada me dan
ni los documentos
soy una porción de mapa
un montón de gente
luisito pedro alberto
irene
la ñata toto
un montón
que viven en pueblos
donde saben lo que hacen
y antes de fabricar riquezas
crean los calabozos para cuidarlas
correos teléfonos
espías inconfesos
hoteles llenos
de pulgas argentinas
y perros muertos de rabia
viajan en bicicletas motos
ómnibus aviones
se despiden siempre están ocupados
arrancan hojitas de almanaques
esperando la noche del descanso
pero felipe orfeo
a esa misma hora
la nación les obliga publicar noticias
y consiguen dormir de día su conciencia
qué hacer conmigo país
¿regalarme zapatos usados?
soy de otra raza
judíos envenenados por la ganancia
fuera conmigo país
que pago impuestos al comprar fósforos
y enciendo continuamente
sobre la prosperidad que por mi culpa no existe
cómo es posible país
no ser masón espiritista socialista
no ser rotario empleado de banco católico
contar historias con fruición
reírme de san martín
hablar serio con bustamante
dudo de la legitimidad
en las bebidas
de los huecos de los buzones
del sexo de las prostitutas,
así soy yo
me podés echar
justo para navidad
o para peisaj
o para el ramadán
dónde voy a ir
a comprar caramelos al almacén de enfrente
a sonreír al cine donde está prohibido fumar
y después pedir un catálogo
con aldeas y lluvias al mediodía,
canto país
porque me gusta cantar
y cuando estoy solo
lo hago con voz firme
y bien entonada
al acercarse otro argentino
enmudezco su recriminación
por vergüenza de mi hombría que no está en discusión
a esto he llegado país
el amor es lo que quiero
no lo escribo ni lo alquilo
no se paga ni tenés nada que ver
estoy acosado por la muerte
cada vez que abro una puerta
la alegría de vivir
no tiene que ver conmigo
ni los ruiseñores del sonar divino
me identifican
y como temo equivocarme
porque a esto lo llamo canto
si algo me queda agregar
decido:
soy su enemigo
me pueden fusilar
me pueden perdonar
pueden llamarme por teléfono
52-6896
decirme un chiste
que no voy a perder
aunque soy de reacciones lentas
tengo sentido del humor
hacerse que no me conocen
hacerse que me conocen
decepcionarse de mí
y contárselo entre ustedes
yo entre el séptimo y octavo
vaso de ginebra
les diré
tratando de no hacer mal a nadie
préstenme las obras de kropotkin
que tengo ganas de leer.
” —Luis Luchi (Luis Yanischevsky) Buenos Aires 1921, Barcelona 2000.gracias! e igual para ustedes
A blackguard whose faulty vision sees things as they are,
not as they ought to be.” —Ambrose Bierce, in The Devil’s Dictionary (1911)
If you meet the Buddha, kill him.
Thinking about Buddha is delusion, not awakening. One must destroy preconceptions of the Buddha. Zen master Shunryu Suzuki wrote in Zen Mind, Beginner’s Mind during an introduction to Zazen, “Kill the Buddha if the Buddha exists somewhere else. Kill the Buddha, because you should resume your own Buddha nature.”
The sound of one handTwo hands clap and there is a sound. What is the sound of one hand?
“…in the beginning a monk first thinks a kōan is an inert object upon which to focus attention; after a long period of consecutive repetition, one realizes that the kōan is also a dynamic activity, the very activity of seeking an answer to the kōan. The kōan is both the object being sought and the relentless seeking itself. In a kōan, the self sees the self not directly but under the guise of the kōan… When one realizes (“makes real”) this identity, then two hands have become one. The practitioner becomes the kōan that he or she is trying to understand. That is the sound of one hand.” — G. Victor Sogen Hori, Translating the Zen Phrase Book[11]







